Durante años, ver fue sinónimo de creer. Hoy, la imagen ya no prueba: genera duda. En un escenario atravesado por la posverdad visual y la inteligencia artificial, este artículo propone el concepto de Post-Homo Videns para pensar cómo cambia nuestra forma de informarnos, opinar y construir sentido.

Durante décadas, la humanidad sostuvo una certeza casi incuestionable: ver era creer. La imagen funcionaba como prueba, como testimonio de lo real. Sin embargo, en la actualidad asistimos a un quiebre profundo de ese pacto simbólico. La imagen ya no garantiza verdad. Y, aun así, seguimos organizando nuestra percepción del mundo a partir de ella.
El politólogo italiano Giovanni Sartori advirtió este proceso a fines del siglo XX en su obra “Homo Videns: la sociedad teledirigida”, donde alertaba sobre el pasaje del homo sapiens —formado en la palabra, la abstracción y el pensamiento crítico— hacia un homo videns, moldeado por la imagen, la inmediatez y la emoción. Hoy, más de veinte años después, el fenómeno no solo persiste: se ha transformado.
El fin de la imagen como verdad
La expansión de las fake news, los deepfakes, los videos generados con inteligencia artificial y las manipulaciones digitales no provocaron la desaparición de la imagen, sino algo más inquietante: la pérdida de su estatuto de verdad.
La imagen ya no dice “esto ocurrió”, sino “esto podría haber ocurrido”. El problema no es técnico, es cultural. La sospecha se vuelve permanente y la confianza social se erosiona. Paradójicamente, cuanto menos confiable es la imagen, más dependemos de ella para informarnos.

Del Homo Videns al Post-Homo Videns
En este nuevo escenario emerge una figura que podríamos llamar Post-Homo Videns. No es un sujeto que abandona la imagen, sino uno que convive con su ambigüedad.
El Post-Homo Videns:
- consume imágenes sabiendo que pueden ser falsas,
- duda de todo, pero cree selectivamente,
- no busca necesariamente la verdad, sino coherencia con sus creencias previas,
- se informa más por impacto emocional que por verificación.
La imagen ya no educa ni prueba: persuade, confunde o reafirma.

Posverdad visual y democracia
Este fenómeno tiene consecuencias directas en la vida democrática. Si la imagen ya no es confiable y la palabra perdió prestigio, ¿con qué se construye la opinión pública?
La política se vuelve espectáculo, la información se fragmenta y el debate se reemplaza por consignas visuales. La duda constante no genera ciudadanos más críticos, sino más cínicos o más fanatizados. Todo puede ser mentira, excepto aquello que confirma lo que ya pensamos.

Inteligencia artificial y el colapso del testimonio
La inteligencia artificial no inaugura el engaño, pero sí lo masifica. Hoy cualquier imagen puede ser cuestionada y cualquier hecho puede ser negado. Esto inaugura una era peligrosa: la del colapso del testimonio visual.
Frente a este escenario, la imagen deja de ser el final del proceso informativo y se convierte apenas en el inicio. La veracidad ya no reside en lo que se ve, sino en el contexto, la fuente, la trazabilidad y la intención.

Un nuevo rol para los medios y comunicadores
En la era del Post-Homo Videns, el desafío ya no es producir más imágenes, sino validar sentido. Los medios de comunicación, los periodistas y los creadores de contenido recuperan un rol central: el de mediadores críticos entre la imagen y la realidad.
No se trata de rechazar la imagen, sino de acompañarla con palabra, análisis y responsabilidad. Volver a explicar, contextualizar y verificar no es un retroceso: es una urgencia.
Si el homo videns nació cuando ver reemplazó a entender, el Post-Homo Videns surge cuando ni siquiera ver alcanza. En un mundo donde todo puede ser falso, la verdad ya no se impone por impacto visual, sino por confianza construida.
Tal vez el verdadero desafío contemporáneo no sea tecnológico, sino profundamente humano: aprender a mirar sin dejar de pensar.

